PIRATERIA VIKINGA:

En esta época el impero del Islam se había extendido Europa Asia y Africa y fue una sorpresa que llegaran peligros desde el Atlantico

or al-Andalus, los grandes “strandhogg” (campañas vikingas), se produjeron en los años 844, 859, 966 y en el 971 en el que fue aniquilada toda la flota. En la primera incursión vikinga asolaron el valle del Guadalquivir y hasta el estrecho a su antojo pero Abderraman II consigue doblegarlos en Tablada. Después de quince años vuelven los vikingos y masacran Tarifa y Algeciras, los andalusíes descubren que haberlos vencido  no suponía la eliminación del problema, a Abderrahman II se le atribuyen las siguientes palabras: “nunca más, estas gentes tocaran el pelo de un andalusí” y comienza la construcción de una gran flota, la fortificación de ciudades y una red de almenaras que vigilan la costa y dan el aviso, para evitar el factor sorpresa

En este contexto se construye una plataforma almenara en Meca para recoger las señales de Trafalgar y una segunda plataforma almenara junto a El Palomar de la Breña que distribuye el aviso hacia Vejer para que continúe hasta la capital y hacia Barbate para prevenir del peligro inminente. Esta segunda almenara, que todavía existe, supondrá el origen de la hacienda como residencia de los encargados de las señales.

Estas plataformas seguirán activas en época cristiana y sin las cuales no se entiende la interconexión de la red de torres almenaras que se construirán seis siglos después.

PIRATERIA TURCO- BERBERISCA:

Comienza el S. XVI y España se convierte en un imperio defensor del catolicismo que le supone la envidia de todos sus vecinos y que durará trescientos años. Tras la expulsión de moros y judíos, muchos de ellos se asentaron en el norte de Africa y comenzaron a hostigar las costas españolas, sobre todo las cercanas al estrecho por suponer las almadrabas un jugoso botín y responderá el duque de Medina amurallando sus almadrabas como defensa a los saqueos permanentes que sufrían. En este mismo S.XVI y tras el enfrentamiento de España con el imperio Otomano en la batalla de Lepanto, Felipe II temia la invasión turca por lo que mandó construir torres en la costa que complementaran las ya construidas, tanto por moros como por cristianos (las del duque) de tal forma que no se pudiera pisar la costa española sin ser vistos.

Dado que Trafalgar no se ve ni desde Barbate ni de Vejer, siguieron utilizando las plataformas andalusíes de Meca en su monte homónimo y Buenavista junto a El Palomar de la Breña, desde donde se comunica con el castillo dela almadraba de Zahara, Barbate, castillo de almadraba de Conil (ducales) y Vejer (andalusí), por otro lado la plataforma de meca comunica con Trafalgar (ducal) y torre del tajo (real)

FUNCIONES DE LA HACIENDA EN LOS S.XV, S.XVI Y S.XVII:

Es una época de piratería, viajes a América, tensiones con el ducado de Medina y muchas guerras. La hacienda, dependen del Consejo de Castilla y se compone de corraliza para esconder el ganado, una torre defensiva, un pequeño palomar y a lo largo del tiempo debido a la seguridad que mostraba, se crearía un importante colmenar más la agricultura necesaria para la supervivencia de los moradores. Durante el S.XV el sueldo de los guardas de Meca y Buenavista los pagaba el ayuntamiento de Vejer pero estaban a las ordenes del duque lo que supuso, entre otras cosas, la sublevación del pueblo contra el duque pidiendo el arbitrio del rey, por otro lado el rey tampoco se fiaba del duque por los diferentes litigios que tenían entre ellos. Siendo la plataforma de Buenavista la más estratégica de la costa gaditana se antoja necesario estar cerca de la fuente de información dejando como supervisores al arzobispado de Cádiz y de la Real Aduana de Cádiz. La Hacienda dispondrá de un “pequeño” palomar con el que poder enviar mensajes a Cádiz o a Madrid.

PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVIII:

El S. XVIII en Cádiz resulta especialmente interesante por ser paso obligado del comercio con América, por lo que concentraba gran cantidad de comerciantes europeos y españoles intercambiando productos y dinero, pero también ideas políticas y económicas que se reflejarán especialmente en las típicas “tertulias” de la época.

Tras la firma de paz con Marruecos y la liberación del mercado con América, la vigilancia de la costa a nivel estatal, carecía de sentido por lo que algunas construcciones dependientes del rey para el control de las fronteras  pasan a manos privadas. Ventura de Osio y Salazar será el primer propietario privado y es hijo de Luis de Osio, propietario de molinos de marea y salinas en Cádiz que realiza la molienda del ejercito y nieto de Francisco de Paula, Superintendente de Andalucía, máximo poder político. El mismo Ventura es Administrador de la Real Aduana y Ministro de la Real Hacienda que recibe en 1727 una cedula real que le permite reconstruir el colmenar y mantener abierto el palomar. Según afirma Ventura en su testamento, en los años siguientes comienza a ampliar la casa y a comprar tierras cercanas a distintos dueños para constituir la Hacienda de la Porquera o, también llamada, de la Virgen del Pilar

Las reformas de los primeros Borbones, para bien y para mal, importan las ideas de Europa, tanto el abuelo como el padre y el mismo Ventura representan estas reformas en primera persona, además de intervenir directamente como comerciantes tanto con América como con Europa, por lo que su posición le convierte en un candidato perfecto para asumir las nuevas corrientes ideológicas que a mediados de siglo convierten a Cádiz en un centro europeo de pensamiento ilustrado.

SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVIII:

Ventura y Luisa, su mujer, no tienen hijos y dejan en herencia la hacienda del Jarillo a un sobrino y la de La Porquera a una congregación religiosa a cambio de que se celebren misas por sus almas todos los domingos y fiestas de guardar a perpetuidad y deben asistir todos los trabajadores de la finca pagándoles el sueldo para que vayan de buena gana sin tener que dar limosna al oficiante de la misa por dejar ellos pagados los servicios.

A los ocho años la casa estaba en ruinas y fue vendida por el precio de una tierra improductiva ya que la gestión era inexistente

Hacia 1765 la minería de Zacatecas en México, y en particular la familia Fagoaga, comienza a resurgir de un largo periodo de decaimiento de la economía minera.

Este resurgimiento viene acompañado de reformas borbónicas y no pocos títulos nobiliarios que conllevan privilegios legales y fiscales. El único problema con el que se encuentran es el precio y falta de suministro de los insumos necesarios para la extracción de la plata: sal, azogue y pólvora.

Pedro de Fagoaga compra la hacienda de La Porquera (El Palomar de la Breña) a través del arzobispado de Cádiz.

La hacienda de los Fagoaga en Sombrerete que cuenta con 84 arrastres y 14 fraguas para la mina de plata, diversifica su producción para el autoabastecimiento de sus trabajadores creando una unidad económica y social. Invierten en agricultura y ganadería y además en banca y comercio, centrando su actividad en Ciudad de México y siendo uno de los grupos de mas influencia política del país tanto en la época colonial como tras la independencia..

Pedro de Fagoaga invierte mucho dinero en la ampliación de la hacienda de La Porquera  construyendo cocheras, aljibes, trujal, cuadras, etc. Y multiplica la capacidad del palomar por veinte cuyo salitre se considera el mejor nitrato natural para la fabricación de la pólvora.

En 1795 el Tribunal de la Mineria negocia que la corona garantice el abastecimiento de los insumos con un precio estable, lo que supuso el enriquecimiento de una clase social que pronto sufragaría los costos de la guerra de la independencia de Mexico. Por esta época el estado recupera el control aduanero para las importaciones de Mexico desde España, hasta entonces en manos de los Fagoaga.

Pedro de Fagoaga vende la casa a Josefa Lopez de Vejer de la Frontera.

SIGLO XIX:

Los canónigos Bonifacio Manzanares y Leto Menaje compran la hacienda (1840) después de dos cambios de titularidad desde los Fagoaga sin mayores cambios trascendentes. Ellos volverían a invertir para el resurgimiento de la propiedad con ideas renovadas pero, esta vez, sin trascendencia internacional, el mismo cambio que se dio en Cadiz capital de una economía de trasiego de mercancías entre América y Europa a otra basada en la producción propia, menos voluminosa pero mas participativa para el lugareño.

Los canónigos encargan la gestión de la hacienda al hermano de Bonifacio, Braulio Manzanares, y se realiza una importante inversión dirigida a la explotación de la tierra. Crean canalizaciones para el riego de huertas, rehabilitan la torre de Buenavista como molino de viento para la molienda del grano, gestionan los molinos de agua de San Ambrosio además de sus antiguas huertas.

Bonifacio muere en Vejer y deja la hacienda en manos de sus sobrinos, hijos de Braulio Manzanares.

En la actualidad son muchos los Manzanares de la zona y entre ellos muchos también los Braulio y Bonifacio Manzanares, siendo todos descendientes del Braulio Manzanares del siglo diecinueve. El origen de los primeros Manzanares es Cordovin en Logroño, sabemos que tanto el nombre de Braulio y el apellido Manzanares sobreviven en Cordovin pero son muchísimos más los que viven en San Ambrosio y Barbate ¡LARGA VIDA A TODOS!